Monopolios tecnológicos, ultraderechas y soberanía digital: John Ackerman en #FILUNI
Monopolios tecnológicos, ultraderechas y soberanía digital: John Ackerman en #FILUNI
Desde la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el analista político, académico y divulgador John Ackerman ofrece una lectura incisiva sobre la encrucijada civilizatoria y democrática que atraviesa nuestra América. Con un análisis que articula teoría crítica y coyuntura regional, Ackerman desmitifica el fenómeno de las nuevas extremas derechas y advierte sobre su lógica destructiva: proyectos políticos que apenas precisan un par de años de gestión para vaciar las arcas públicas, desarticular las instituciones del Estado y replegarse en la impunidad, dejando a su paso un territorio en ruinas que las sociedades deben reconstruir pacientemente durante décadas.
El punto de partida del debate se apoya en los intercambios sostenidos con el teórico David Harvey en torno al fin definitivo de la fase neoliberal. Lejos de haberse consolidado un ciclo posneoliberal emancipatorio, Ackerman sostiene que el orden mundial ingresó en una etapa de capitalismo monopólico donde las fronteras tradicionales entre política, economía y cultura han quedado completamente disueltas. Esta imbricación total resucita dinámicas corporativas propias del siglo XVIII, donde los gigantes tecnológicos de Silicon Valley no solo dictan la agenda económica global, sino que absorben funciones soberanas, operan como infraestructuras militares privadas y someten Estados enteros sin control democrático alguno.
En el escenario geopolítico continental, la entrevista desmenuza la reactivación de la Doctrina Monroe y la retórica punitiva de los Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe. Ackerman subraya que la frontalidad de Donald Trump no constituye un quiebre cualitativo de la política exterior estadounidense, sino la manifestación abierta y descarnada de una vocación imperial histórica. Para el investigador, el dato alarmante del presente no radica en esa violencia explícita, sino en el servilismo inédito de mandatarios de ultraderecha en la región —como el caso de Javier Milei en Argentina—, dispuestos a actuar como meras correas de transmisión de las órdenes de Washington resignando banderas elementales de soberanía nacional.
Frente a este retroceso, la conversación indaga en lo que define como una crisis profunda de la política y de lo político, antes que de la democracia formal. Retomando la tradición teórica de Ernesto Laclau, plantea que la potencia transformadora reside en la articulación de causas populares y en el quiebre de las estructuras oligárquicas que perpetúan la desigualdad. Al burocratizarse y asumir un rol meramente conservador y defensivo de las instituciones existentes sin transformar la vida material de las mayorías, diversos sectores del progresismo dejaron vacíos de representación que hoy son capitalizados por discursos reaccionarios.
En este contexto de disputa de sentidos, Ackerman sitúa a las juventudes y al entorno digital en el centro de la batalla cultural contemporánea. Denuncia que la supuesta democratización prometida por internet ha devenido en una cacofonía deliberada, donde las plataformas privativas fragmentan la atención, promueven subjetividades individualistas y buscan minar la confianza política de las nuevas generaciones. Frente a este disciplinamiento, convoca a potenciar el pensamiento crítico juvenil, recordando que la rebeldía de los estudiantes y militantes no pertenece a un futuro abstracto, sino que constituye una fuerza motriz indispensable para empujar el presente.
Como herramienta concreta frente a este asedio, el investigador presenta el libro «La regulación de plataformas y redes: los derechos digitales a debate», editado por la UNAM y Akal. Trazando una analogía histórica con la gesta petrolera de Lázaro Cárdenas, argumenta que ante corporaciones que se amparan en tratados como el T-MEC para desconocer la territorialidad y los derechos humanos, los Estados deben poner límites regulatorios urgentes. El desafío no se agota en la fiscalización o la exigencia de responsabilidad civil a las Big Tech, sino en asumir la soberanía digital construyendo redes e inteligencias artificiales con diseño propio y perspectiva emancipatoria.
Hacia el final, Ackerman comparte los proyectos que encabeza desde el Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS) de la UNAM, como el Laboratorio de Democracia Digital (Tlatelolco Lab) y la plataforma pedagógica «El árbol de la democracia». Su balance es una invitación a superar la nostalgia inmovilizante y a comprometerse con la creación colectiva en los momentos de declive hegemónico, donde pequeños esfuerzos de resistencia y articulación popular pueden abrir grietas históricas para torcer el rumbo de los tiempos.
























